Grace Teng

¿Quién es catalán?

This is a summary of a book chapter from Double Talk by Kathryn Woolard, written as an assignment in the Fall 2012 semester as part of a course titled Barcelona at New York University, numbered SPAN-UA 950.


La cuestión central del capítulo 3 de “Double Talk” de Kathryn Woolard es “¿quién es catalán?” ¿Cuáles criterios usamos para identificar a alguien y usan los catalanes mismos para identificarse como catalán? Y ¿qué nos dice esto en cuanto a la identidad catalana? ¿Qué quiere decir ser catalán?

Según Woolard, hay una definición legal y una definición popular y no coinciden. La definición legal es que “gozan de la condición política de catalanes los ciudadanos españoles que… tengan vecindad administrativa en cualquiera de los municipios de Cataluña” (“Estatuto de Autonomía”). Esta redacción deliberada evita la cuestión de qué es la esencia de ser catalán, ya que no intenta equiparar el hecho de vivir en Cataluña con el hecho de ser catalán, sino solamente con tener la “condición política de [catalán]”. Es la misma evasión como la que empleó Josep Tarradellas en su declaración famosa desde el balcón del Palau de la Generalitat, sustituyendo “catalans” por “ciutadans de Catalunya”.

Aun así, esto no quiere decir que la definición política de “catalán” se queda sin significado. Como nota Woolard, la campaña para la aprobación del Estatuto de Autonomía de 1979 tuvo los lemas “Ara més que mai, un sol poble” y “És català tothom qui viu i treballa a Catalunya” (Woolard 36). Los políticos de Cataluña sabían que aunque la definición legal fuera una definición conveniente y que todo lo que otorgaría era la “condición política de catalán” y no el hecho de ser catalán, era esencial que esta identificación política representara también una identificación popular, para legitimar la autonomía de Catalunya del Estado Español.

Sin embargo, Woolard nota que en la percepción popular de quién es catalán, se encuentra cuatro criterios diferentes, y vivir en Cataluña no es uno de ellos. Los cuatro criterios según Woolard son lugar de nacimiento, ascendencia, emoción y lengua, y Woolard sostiene que de todos estos, la lengua es el criterio que se usa habitualmente para distinguir los catalanes de los no catalanes y que tiene más fuerza.

El primer criterio, el lugar de nacimiento, predomina entre los inmigrantes que vienen de otras partes de España. Según este criterio, es posible que haya unas personas que son catalanes y otras personas de la misma familia no, como los que dicen que “Mi esposo y yo somos andaluces, pero nuestros hijos son catalanes” (Woolard 38). Woolard sostiene que aunque hay algunos que utilizan esta definición, no lo utilizan sistemáticamente: empiezan con definir “catalán” según el criterio de lugar de nacimiento y acaban con llamarse “castellano” según otros criterios. Además, es común que los “catalans de sempre” no lo admitan como único criterio.

El segundo criterio es la ascendencia. No obstante, en Catalunya esta definición tampoco se usa como la única definición. Se nota que en Catalunya no hay tanto énfasis en la idea de una “raza” catalana como en el País Vasco, y ya que Catalunya históricamente ha sido una zona fronteriza con mucho intercambio de gente y de ideas, es natural que la ascendencia no sea el criterio principal en distinguir los catalanes de los no catalanes.

El tercer criterio que Woolard menciona es la emoción. Según este criterio, los que se sienten catalanes son catalanes. Lo interesante es que así es posible que alguien que nazca en Catalunya de padres catalanes que hable catalán no sea catalán, si no se comporta de una manera que sea “catalán”. Woolard cita a Sellarès, quien escribió que “no es necesario llamar a la alta burguesía catalán, sino lo que es y siempre ha sido, español.” En el siglo XIX y siglo XX, esta alta burguesía empezaron a hablar castellano habitualmente y orientarse hacia Madrid socialmente y políticamente. (Woolard 39) Por eso, aunque eran de Catalunya, de padres catalanes y catalanohablantes, no podían ser catalanes.

El criterio de emoción también se puede usar al revés, lo cual es el uso más común. Para los inmigrantes a Catalunya que no satisface uno de los dos criterios anteriores, es común utilizar este criterio como señal de su “catalanidad”, especialmente si tampoco hablan catalán.

El cuarto criterio, y el más importante, es la lengua. Woolard sostiene que para la gran mayoría de los que viven en Catalunya, la lengua es el criterio que suplanta los demás en uso habitual. Si alguien satisface los otros tres criterios pero el criterio de la lengua no, no se puede considerar a dicha persona catalán. Es común el uso del término “catalán” para referrirse solamente a catalanohablantes.

Se puede decir que para los inmigrantes, el uso de la lengua catalana representa una expresión de su emoción para Catalunya, y de este modo la emoción y la lengua son definiciones vinculadas. Es interesante que para muchos catalanes que tienen abuelos que no nacieron en Cataluña pero aprendieron a hablar catalán, el acto de aprender la lengua, de en efecto “catalanizarse”, sea una razón por estar orgullosos de sus abuelos y su identidad catalana. Esto implica que si la emoción tiene suficiente fuerza, el aprendizaje de la lengua seguirá. Por supuesto, esto implica también que sin hablar la lengua, no importa cuánta emoción tiene el inmigrante, porque falta la evidencia de esa emoción.

Es notable que Woolard cita a un empleado gubernamental que escribió que “nos dicen que 55% de los andaluces se sienten catalán, pero ¡sólo 20% de los andaluces saben hablar catalán! … Esto no hace que quede claro que un catalán sabe hablar catalán. Si alguien no habla catalán, mucha gente no lo consideran como catalán. Otra vez, vemos cómo algunos políticos fomentan… ‘una crisis en el concepto de la identidad catalana!’” (Woolard 40). A pesar de los esfuerzos de los políticos de Cataluña a enfatizar que todos los que viven en Cataluña pueden ser catalanes, la concepción popular de quién es catalán es que los catalanes hablan catalán y si no, no pueden ser catalanes.

Woolard plantea una pregunta: si alguien no puede ser catalán, que más puede ser en Cataluña? Según Woolard, hay varias identidades que provienen de otras partes de España. Es posible que alguien se identifique como andaluz o extremeño o de otra parte de España. También es posible que se le identifique a alguien como andaluz o murciano sin ser de Andalucía o Murcia, ya que las primeras olas de inmigración a Cataluña provenían generalmente de esas regiones, y por eso “andaluz” y “murciano” ya se han convertido en términos para referrirse a inmigrantes de cualquier parte de España. Ésta es una identificación despectiva.

La identidad no catalana más común, sin embargo, es “castellano”. No importa la verdadera provenencia del “castellano” tanto como el hecho que es castellanohablante. Es decir, es castellano el que habla castellano, y es catalán el que habla catalán. Aquí, de nuevo, se enfatiza la importancia de la lengua en la identidad catalana.

No obstante, esta distinción lleva también connotaciones sociales y no sólo lingüísticas. En general es el caso que los “castellanos” son de clase trabajadora y los “catalanes” son de clase media o alta. Por eso, en el ámbito político donde quieren mantener que todos los que viven en Catalunya son catalanes, han aparecido varios términos eufemísticos para distinguir los “castellanos” de los “catalanes” ya que no se admita la categorización de “castellano”. De aqúi viene los términos “catalans de sempre” y “nous catalans” o “catalans d’adopció”, para poder hablar de los temas únicos de los dos grupos sin contradecir la retórica política (Woolard 44).

En resumen, Woolard nos dice que la respuesta a la cuestión de quién es catalán, según consenso popular, es que son catalanes los que hablan catalán, aunque la retórica política y algunos criterios comunes impliquen lo contrario. Al mismo tiempo, nos ha presentado un panorama general de los problemas de los inmigrantes en encontrar una identidad que permita la integración en la sociedad catalana.


Bibliografía