Lo grotesco en El día de la bestia

Lo grotesco en El día de la bestia
Photo by Emilo Pascual / Unsplash

This short essay was written in the Spring 2012 semester as part of the Spanish Culture Through Cinema course at New York University, which is numbered SPAN-UA 9994.

Según Mijail Bajtín, lo que más define lo grotesco es “la degradación, o sea la transferencia al plano material y corporal de lo elevado, espiritual, ideal y abstracto” (Bajtín 24). Se refiere a dos tipos de lo grotesco: lo grotesco clásico y lo grotesco romántico. En lo grotesco clásico, la vida y la muerte (y todas las parejas relacionadas - el crecimiento y el envejecimiento, el fin de algo y el comienzo de otro etc.) siempre aparecen juntos, ya que son a los que Bajtín se refiere como “dos cuerpos en uno” - no existe uno sin el otro (Bajtín 30). Sin embargo, en lo grotesco romántico, en que “el aspecto regenerador y positivo de la risa se reduce extremadamente,” se puede aparecer la muerte sin la posibilidad de renacer, algún proceso destructivo sin el poder o la capacidad de crear (Bajtín 40).

En la película El día de la bestia, se mezclan las dos formas de lo grotesco de manera formidable: no se ha perdido el sentido regenerador de lo grotesco clásico, pero al mismo tiempo los temas y la escenificación del argumento muestran los rasgos más característicos de lo grotesco romántico.

La película tiene una estructura que tiene que venir de lo grotesco clásico: el protagonista, el cura Ángel Berriartúa, intenta buscar y destruir al Anticristo y así salvar el mundo. Con este argumento, la muerte y la vida son estrechamente vinculadas de manera clásicamente grotesca: sin la muerte del Anticristo, no habrá vida para nadie, y después de la muerte del Anticristo, el mundo va a renacer. La bomba de relojería del nacimiento del Anticristo y el paso inexorable de tiempo sirven de fuerzas motrices de la película, y cuando acaba la noche y se acaba con el Anticristo, amanece otro día y otro mundo. Esta estructura es muy típica de lo grotesco clásico.

Desde el principio de la película, la degradacíon de lo espiritual es completa e implacable. Vemos que la cruz se cae sobre el colega del cura Ángel Berriartúa, matándolo, y vemos la llegada del cura en Madrid, donde le dice al moribundo que “púdrete en el infierno.” Así, con solamente estos dos ejemplos, se degrada lo sagrado por hacerlo material. Alex de la Iglesia quita a la cruz su significado religioso y abstracto, convirtiéndola en algo físico y, en vez de algo que salve, en algo que destruye.

Además, el uso de la Biblia misma como elemento místico, casi ocultista, es otra forma de degradación. Dominique Russell nota: “it is the Bible itself that provides the most important intertext, one which layers text upon text with citations from Nostradamus, Tritemio, Lovecraft and arcane Jewish cabalistic texts” (129). La Biblia no se usa como símbolo para referirse a su referente tradicional, que es la religión cristiandad y la salvación, sino para dar forma a un complot para acabar con el mundo. De hecho, la Biblia entera se reduce a una fecha en la que vaya a nacer el Anticristo: el 25 de diciembre de 1995. Se rompe la asociación de la Biblia con lo sagrado, y en su lugar se asocia con lo demoníaco.

Lo sagrado no es lo único que se degrada. Lo moderno, también, se degrada muchísimo: el Madrid moderno de esa época se presenta como algo depravado, que falta la bondad de la cristiandad, y donde prevalecen las compras, las televisiones, lo oculto y lo siniestro. La ciudad urbana de Madrid sólo se ve en la oscuridad de la noche.

La población general de Madrid parece estar compuesto de tres grupos de personas: la gente consumista que hace las compras y mira los programas de televisión, los marginados como los mendigos y los inmigrantes, y los de “Limpia Madrid” que los persiguen. De esta manera, se hacen materiales y concretos los problemas urbanos de Madrid, y además provee un mecanismo dramático por el que se puede realizar la degradación física de Madrid.

La degradación más espectacular tiene que ser la de Satanás, quien aparece en la película en forma de cucaracha y de cabra. Al usar estas formas de presentar la fuerza más destructiva del mundo, Alex de la Iglesia se burla de la importancia que se da a lo místico, a “ello”, “la fuerza extraña que gobierna el mundo” (Bajtín 49).

Aunque la película tiene una estructura de lo grotesco clásico, tiene también elementos de lo grotesco moderno. Se puede interpretar la muerte del Anticristo no como algo que permite el renacer del mundo, sino como la prevención del cierre del ciclo de vida, algo que rompe la simetría de una historia en que lo divino y lo demoníaco van paralelo uno a otro. Además, la historia y los personajes de la película no tiene el carácter universal de los de lo grotesco clásico. Uno de los rasgos de lo grotesco moderno, según Bajtín, es que “[expresa una visión del mundo subjetiva e individual… es un grotesco de cámara, una especie de carnaval que el individuo representa en soledad, con la conciencia agudizada de su aislamiento” (39-40). Esto es una descripción perfecta del personaje de Ángel Berriartúa al principio de la película, y de Ángel y Caván al final - la película describe la historia subjetiva que experimentaron Ángel y Caván, y esta historia de lo grotesco subjetivo es lo que vemos.

La coda de la película nos ofrece una visión pequeña del cambio que se ha ocurrido en el personaje de Angel Berriartúa. La cámara se mueve de Ángel y Caván sentados en un banquillo del Retiro hasta que se revela la estatua del Ángel Caído. Esta identificación de Ángel con el ángel caído - es decir, con Satanas - es una degradación de lo divino y lo demoníaco a la vez, lo sagrado hecho demoníaco y lo demoníaco hecho humano.

Russell tiene una interpretación similar. Escribe: “Ángel… seems chastened. One might take his dismissive attitude towards Caván’s excitement and his discarding of his religious habit as an understanding that the murder of the gypsy family was neither divine nor demonic, but simply, and depravedly, human” (131). Esto es una interpretación grotesca de la película, en que lo divino y lo demoníaco, conceptos abstractos, se unen y se personifican en un personaje fundamentalmente humano. En efecto, se ha efectuado “la transferencia al plano material y corporal de lo elevado, espiritual, ideal y abstracto” (Bajtín 24).

Lo más interesante de lo grotesco en El día de la bestiaes el hecho de que lo sagrado no es lo único que se degrade, sino también lo demoníaco, y a veces lo sagrado es degradado a través de lo demoníaco, como en la identificación de Ángel Berriartúa con el Ángel Caído al final de la película. Puesto que lo sagrado y lo demoníaco ambos son abstractos y espiritualizados, no parece extraño que Alex de la Iglesia los haya tratado iguales como blancos de burlas, y así eleve lo humano que aparece al final de la película. Incluso se puede decir que a lo largo de la película, la historia verdadera es la de la degradación de lo espiritual para que sobreviva lo humano, y esto puede ser considerado la esencia de lo grotesco.

Bibliografía

Bajtín, Mijail. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Barcelona: Barral, 1974. Print.

Russell, Dominique. “What the Centre Cannot Hold: The Defiant Deviances of El día de la bestia.” Defiant Deviance: The Irreality of Reality in the Cultural Imaginary. Eds. Cristina Santos, Adriana Spahr. New York: Peter Lang, 2006. Print.